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FORO "MÉXICO EN EL MUNDO" Los procesos de integración en América Latina hoy

Varios autores
Julio 23 2003
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Antonio Ortiz Mena López Negrete* y Gustavo Iruegas Evaristo**
 * Doctor en Ciencia Política por la Universidad de California y director de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). ** Profesor e investigador en la Universidad Iberoamericana y articulista en La Jornada
Julio 2003

 

Antonio Ortiz Mena López Negrete (AOMLN).- ¿Conviene que México busque estrechar sus lazos económicos con América Latina, dado que durante muchos años América Latina trató de integrarse primero con la ALADI? ¿Procedería buscar una profundización de nuestra integración comercial con Estados Unidos, o en su caso con la Unión Europea, que ahora está integrada por 25 países? ¿No sería la búsqueda de lazos más estrechos con América Latina un mecanismo un tanto demagógico, sin sustento; una búsqueda de tiempos pasados que no pueden volver?

Gustavo Iruegas Evaristo (GIE).- La integración es un asunto un tanto demagógico pero también ha sido una cuestión histórica.
Quiero plantear de forma separada cómo entender la integración y cómo entender a América Latina.

En términos de integración propongo revisar el contenido mismo de la palabra. Integrar es hacer de varios uno. Sin embargo se ha abusado mucho de la expresión integración, a veces se ha deformado y en muchas ocasiones se ha planteado que debe empezar por el comercio sino no evoluciona de manera satisfactoria.

Un ejemplo muy importante de integración es Europa, por supuesto esto no quiere decir que tenemos que seguir el modelo europeo, de hecho, haberlo intentado es una de las razones por la cual en México no ha prosperado mucho esta idea. La integración tiene como factor eficiente que las sociedades integrales sean homogéneas. La Unión Europea es una unión de sociedades de clase media en general, con niveles de desarrollo similares. En sentido contrario, se encuentra la integración de México a Estados Unidos, a través del Tratado de Libre Comercio (TLC), se vincula el desarrollo mexicano con la economía estadounidense.

Sin embargo, por fuerte que sea este compromiso de asociación creciente entre México y Estados Unidos, en el futuro previsible no tenemos asegurada dicha integración debido al factor eficiente de "homogeneidad de las sociedades". Basta considerar que el 80 % de los mexicanos no calificamos para integrarnos a la sociedad estadounidense; razón por la que la migración, termina siendo un asunto difícil de admitir. Por otro lado, para platicar un poco sobre América Latina, es muy interesante saber que su propio nombre está relacionado de cierta forma con su vecino del Norte.

Sucede que Estados Unidos no tiene gentilicio, en español, a veces decimos estadounidenses, otras ocasiones; gringos y cuando queremos ser más amables decimos americanos, que es como ellos quieres ser llamados, pero eso nos deja la tarea de buscarnos un apellido. ¿Cuál es ese apellido? Latinos ¿Dónde surgió este apellido? Parece que en los designios de Napoleón III, para tratar de poner un límite al expansionismo norteamericano, agregó a la idea de los países hispánicos y luego iberoamericanos a Haití, y entonces llamó al conjunto América Latina. Así, indirectamente, este nombre propio resolvió el problema a Estados Unidos y a países europeos para referirse al resto de América. Esta América Latina es una identidad que compartimos los nacionales de los países ubicados al Sur del Río Bravo, pero no existe como una entidad, no hay nada que específicamente se pueda llamar América Latina.

América latina no existe más allá de la identidad que todos los latinoamericanos asumimos. Desde la Anfictionía, desde los intentos del Libertador, Simón Bolívar, América Latina no pretendía ir más allá de una confederación, que además no se logró. Aunque el Libertador no había invitado a Estado Unidos, el presidente de Colombia, Francisco de Paula Santander sí lo hizo. Finalmente, Estados Unidos no llegó pero ya estaba ahí el germen de lo que ha sido el panamericanismo, que es una expresión excluyente de América Latina. En concreto, toda América era válida pero no así, América Latina, concepción que trascendió hasta a finales del siglo XIX cuando se realizó la primera Reunión Interamericana que consolidó la concepción de las relaciones multilaterales en la región del continente.

En la Posguerra, se crea la OEA y otra serie de tratados y acuerdos que son base del sistema interamericano y que permiten consolidar nuestra organización regional. Resulta interesante saber que estos esfuerzos entre nacionales tenían como sustento dos conceptos: la seguridad hemisférica y la seguridad nacional. Estados Unidos utilizó este binomio conceptual para enfrentar a la Unión Soviética y a sus aliados; de tal forma que éste era el encargado de defender al Hemisferio del enemigo soviético mientras que los ejércitos latinoamericanos tenían la misión de combatir a la quinta columna, que era todo el movimiento progresista en los países latinoamericanos constituido por los partidos comunistas, las guerrillas, sindicatos y movimientos populares de toda índole.

Con la concepción de la OEA también surge el esfuerzo europeo por la unificación, pocos años más tarde, en América Latina, se crea la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, cuyo tratado aspiraba en el texto a la integración, pero en el nombre sólo al libre comercio, por la vía de la concertación de tratados amplios en los que estuvieran sus miembros de América del Sur, ya que no estaban incluidos México, los países de El Caribe y de América Central. Después de 20 años esta asociación fracasó y se transformó en la ALADI, que ahora se llama Asociación Latinoamericana de Integración, pero en su texto reduce la estrategia a admitir como elemento de integración cualquier tratado de libre comercio que se hace con la intención crear una gran zona como si estos tratados fueran generales.

La gran pregunta es ¿por qué con nosotros no funciona este intento de integración por la vía económica y en Europa sí? Una respuesta general sería porque la economía europea es fundamentalmente endógena y las economías latinoamericanas están vinculadas en su mayor parte a Estados Unidos y a Europa, de tal manera que nuestro esfuerzo se reduce a la pequeña parte de la economía que trabajamos al interior de la región y lo demás no lo afecta. Entonces la posibilidad de progreso es realmente muy lenta. Por otro lado, la ALADI tiene ya 24 años y tampoco ha funcionado; los tratados se registran pero no hay negociaciones.
Existen otros esfuerzos regionales como los centroamericanos, el más avanzado es el MERCOSUR, que aunque se pensó originalmente como una organización de regionalismo cerrado, la realidad los ha obligado a abrirse.
También tenemos la respuesta de Estados Unidos para el libre comercio inserta en el panamericanismo que es el Tratado de Libre Comercio de las Américas, que surge con las reuniones de los presidentes de América, menos Cuba, convocados por Estados Unidos, casi inmediatamente después de que en América Latina se organiza una reunión cumbre entre los países latinoamericanos, España y Portugal.

Los antecedentes señalados han tenido un efecto muy fuerte en el desarrollo de la comunicación política y diplomática de los gobiernos en América Latina. Digamos que el gran impulso de los contactos y comunicaciones se da a partir del éxito que tiene el esfuerzo de Contadora, que contó con mucha difusión, aunque sus verdaderos propósitos no fueron conocidos en su momento y tienen mucho que ver con la seguridad en México más que con la colaboración exterior.
El éxito que tuvieron los países que formaban Contadora (Venezuela, Colombia, Panamá y México) y los países que se acercaron como amigos del Sur de América, para apoyar los esfuerzos diplomáticos orientados a atenuar los efectos de la guerra, sirvió como un grupo de concertación política permanente.
Contadora no era una organización pues no contaba con personalidad propia era una instancia donde se reunían representantes de diversos niveles de gobiernos para discutir los temas y problemas del momento. Cuando el Grupo de los Ocho se creó en América de Sur se planteó la necesidad de integrar a Chile y automáticamente a Ecuador y Bolivia. Se empezaba a reproducir, entonces, el esquema de ALADI.
México promovió que se integrara Centroamérica y Venezuela; El Caribe. Esta fue la base de lo que después se llamó El Grupo de Río, en donde estaban representados todos los países latinoamericanos, los caribeños, con un solo representante, pero Cuba no; lo cual reflejaba la concepción panamericana.

Con este panorama la Unión Europea empezó a interesarse en participar en la reconstrucción de Centroamérica y estableció el mecanismo de reuniones anuales de cancilleres. Asimismo dio lugar a una reunión entre los cancilleres del Grupo de Río y los cancilleres de la Unión Europea.
Era una tarea difícil porque a Europa le molestaba mucho la idea de que teniendo personalidad para concretar acuerdos formales de toda clase tuviera que reunirse a concertar con algo que no existía: con América Latina, con cancilleres que no podían hablar a nombre de América Latina.

Hace unas semanas en Guadalajara, Jalisco, se registró un mecanismo de asociación estratégica. En la reunión de Jefes de Estado, gracias a la gestión francesa dejó de utilizarse al Grupo de Río como el interlocutor porque se agregó Cuba, entonces cambió el formato. Ahora es América Latina y El Caribe, con gran peso en la OEA si se considera que los países de El Caribe tienen 14 votos y Estados Unidos, Canadá, Brasil y México tienen cuatro. Además, debe recordarse que al constituirse la OEA decía que el derecho propio de cualquier Estado de la región era ser parte de esta organización.
En este sentido, los países han encontrado mucho más cómodo ir con sus propios votos tanto en la Organización de Naciones Unidas como en la OEA y asociarse mejor a América Latina que a Estados Unidos. Por eso tenemos toda esta distribución del poder de voto bastante deformada.
En América Latina tenemos OEA, donde es lógicamente hegemónico Estados Unidos, tenemos ALADI, mecanismos como el Grupo de Río, contacto con Europa, ejercicios regionales con poco éxito, sin embargo; lo único que no tenemos es la organización latinoamericana que pudiera tener personalidad propia y capacidad de negociación. En resumen, recomiendo a cualquier gobierno mexicano convertirse en promotor de la creación de la Organización de Estados Latinoamericanos.

Antonio Ortiz Mena López Negrete (AOMLN).- ¿Por qué hay dudas sobre la factibilidad de la integración latinoamericana? Coincido con la idea de que no hay un proyecto claro de nación y por eso hay que ser perseverantes y tenaces en la lucha por resolver los principales problemas de la nación. Para evaluar la política exterior de México, entre la que se encuentra la relación con América Latina, es importante considerar los principales problemas que tiene nuestro país como la pobreza, la distribución inequitativa del ingreso y la soberanía.
En mi opinión, no debe haber demasiado temor ante una profunda integración económica con Estados Unidos, recordemos que a finales de la Segunda Guerra Mundial, el economista y filósofo Albert Hirschman analizó la estrategia económica del régimen nazi para lograr que los países vecinos se volvieran dependientes económicos de Alemania y cómo, una vez que lo lograba, la Alemania nazi conducía implícitamente o explícitamente la política exterior de tales países.

Su conclusión fue que se requería de un control político centralizado. En Estados Unidos existe una gran dispersión del poder político, por ello resulta muy difícil concretar acuerdos con este país pues se requieren consultas con el presidente, los senadores, los congresistas, los gobernadores, etcétera.
Actualmente, los problemas de la concentración económica son exclusivamente de esa índole "económica", razón por lo cual cuando hay una desaceleración de la economía estadounidense también hay una desaceleración de la economía mexicana.
Desde este punto de vista sí es muy conveniente buscar una diversificación de los lazos comerciales.

América Latina sí puede desempeñar un papel muy importante para México ya que ha firmado una amplia gama de tratados de libre comercio y una gran colección de acuerdos de complementación económica con países latinos, pero estos instrumentos no se han utilizado de manera adecuada pues no existen mecanismos de financiamiento y de seguimiento.
En concreto, no es inviable una mayor integración de México con América Latina pero hacen faltan mecanismos de impulso de los tratados para que sean utilizados cabalmente. En este sentido, hace falta más trabajo en la relación bilateral México-Brasil, porque es un país clave.
Se requiere de gran imaginación y de valentía para no incurrir en los errores del pasado, como en la crisis de la deuda de los ochenta cuando México y Brasil asumieron estrategias paralelas. En la actualidad, ambos países no siempre actúan de manera concertada en las negociaciones de la Organización de Naciones Unidas o en la Organización Mundial de Comercio. El gran reto para México, en tales circunstancias, es definir de manera estratégica su relación de largo plazo con Brasil.

 



 
 
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