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"A construir la Federación de naciones por la acción democrática de los pueblos"

Foro de la 1ª etapa del Parlamento Mundial Ciudadano.

Cuauhtémoc Cárdenas
11 octubre 2011
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Agradezco a la Alianza Mundial por la Transformación de las Naciones Unidas-Capítulo de México y a Planetafilia la invitación que me han hecho para participar en la sesión inaugural de este Foro de la 1ª etapa del Parlamento Mundial Ciudadano, lo que mucho me distingue.

La creación de un gobierno mundial, la abolición de las guerras, el progreso compartido, la convivencia fraterna entre todos los pueblos y todos los individuos, han sido finalidades planteadas por los pensadores que a lo largo de los siglos imaginaron las utopías de alcance universal, así como por los grandes movimientos ideológicos y populares por la igualdad, la justicia, la democracia y la dignidad humana.

El siglo pasado fue testigo de dos terribles guerras mundiales y muchas más de menores dimensiones, otras sucedieron ya o están teniendo lugar en este siglo, entre todas, provocaron y están provocando la muerte de millones de personas, enormes destrucciones materiales y la pérdida de valores éticos y morales clave en la convivencia internacional y en la vida interna de las colectividades nacionales.

Después de las dos Guerras Mundiales, impuesta la paz, los gobiernos que habían enviado a sus ejércitos a la confrontación se propusieron que el conflicto bélico que acababan de vivir fuera el último que viera la humanidad. La intención, en uno y otro caso, era buena.

El 28 de junio de 1919 los firmantes del Tratado de Versalles, al crear la Sociedad de las Naciones, declaraban:

“[Las] Altas Partes contratantes: considerando que para fomentar la cooperación entre las naciones y para garantizar la paz y la seguridad, importa: aceptar ciertos compromisos de no recurrir a la guerra; mantener a la luz del día relaciones internacionales fundadas sobre la justicia y el honor, observar rigurosamente los principios del Derecho Internacional, reconocidos de aquí en adelante como regla de conducta efectiva de los Gobiernos; hacer que reine la justicia y respetar escrupulosamente todas las obligaciones de los tratados en las relaciones mutuas de los pueblos organizados…”

A su vez, los gobiernos de las naciones vencedoras en la 2ª Guerra Mundial, reunidos en junio de 1945, al manifestar su intención de constituirse en Naciones Unidas se declararon:

“…RESUELTOS

- a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos terribles,
- a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de naciones grandes y pequeñas,
- a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional,
- a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad…”

En la Carta constitutiva de la Organización, en su artículo 1, reafirmaron que:

 “Los propósitos de las Naciones Unidas son:
1. Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz;
2. Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otros medidas adecuadas para fortalecer la paz universal…”

Y en el 2 se precisa que:

Para la realización de los Propósitos consignados en el Artículo 1, la Organización y sus Miembros procederán de acuerdo con los siguientes Principios:
…3. Los Miembros de la Organización arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justicia.
4. Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas…
7. Ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados, ni obligará a los Miembros a someter dichos asuntos a procedimientos de arreglo conforme a la presente Carta…”

Avances importantes para la humanidad, debe reconocerse, se han logrado con el trabajo tanto de la Sociedad de las Naciones como de la Organización de las Naciones Unidas, pero ninguno de los dos organismos tuvo, en el caso del primero, o ha tenido, en el caso del segundo, capacidad para imponer la paz en el mundo, para impedir las intervenciones armadas de los países poderosos en los asuntos internos de los pueblos más débiles, para alcanzar la igualdad entre las naciones en sus relaciones internacionales y consecuentemente, para que se observen y cumplan de manera cabal los principios y compromisos derivados de la suscripción de la Carta, sobre todo, por parte de las naciones de más poderío militar, político y/o económico.

La 1ª Guerra Mundial trajo como resultado un orden internacional de coloniajes. Las potencias coloniales dominaron las grandes decisiones en el periodo llamado de entre-guerras.

De la 2ª Guerra Mundial resultó un mundo bipolar: dos potencias hegemónicas que impusieron a prácticamente todas las demás naciones un orden de dependencias tanto políticas como económicas, que llevó a una carrera armamentista que acabó por romper la bipolaridad, dejando el predominio militar en una sola potencia, una serie de hegemonías político-económicas regionales, naciones que han roto o se encuentran en proceso de romper lazos de dependencia que constituyen las ahora llamadas economías emergentes, que compiten ya y fuerte en los mercados globales, y, al final de cuentas, un mundo en el que se han acentuado las desigualdades sociales y económicas, los rezagos tecnológicos y productivos y las oportunidades de acceso al desarrollo y al bienestar, tanto entre las naciones ricas y desarrolladas y las pobres y subdesarrolladas, como entre los sectores de población de mayores ingresos frente a los de ingresos más reducidos dentro de cada nación.

En nuestro mundo actual no podemos desconocer los esfuerzos y los logros relativos de la Organización de las Naciones Unidas como tal, para preservar la paz, impulsar el desarrollo y el bienestar de pueblos y naciones, así como para establecer un orden mundial de justicia y equidad.

Tampoco podemos desconocer las incapacidades y fracasos de la organización en la búsqueda de esos objetivos, incapacidades y fracasos atribuibles de manera principal a la inobservancia de principios y compromisos y a la imposición de intereses particulares, coyunturales e ilegítimos, por parte de los países poderosos en lo político y económico.

Desde el nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas se han sucedido guerras y agresiones armadas en todos los continentes. En distintos momentos, nombres frecuentes en los medios informativos y en las memorias colectivas, por los conflictos bélicos en su momento existentes, han sido  Corea, Palestina, Bahía de Cochinos, Líbano, el Congo, Angola, Honduras y El Salvador, Ruanda, Kosovo, el Golfo Pérsico, Bosnia Herzegovina, o los de las guerras que desataron gobiernos contra sus propios pueblos en Guatemala, Chile, Argentina, Uruguay, o los de intervenciones armadas de países poderosos en Guatemala, Hungría, República Dominicana, Checoslovaquia, Granada, Panamá, o los relacionados con las inadmisibles guerras llamadas insolentemente por las grandes potencias preventivas y desatadas por éstas, en épocas recientes, contra Afganistán e Irak, y en estos momentos contra Libia. 

En la mente de todos están seguramente, sólo para ejemplificar los incumplimientos a resoluciones de la Asamblea General de la ONU, los numerosos casos de acuerdos referentes a Palestina y el Oriente Medio; el que se haya dejado prácticamente en el olvido la Carta de Deberes y Derechos Económicos de los Estados, aprobada en diciembre de 1974 por 120 votos a favor, 6 en contra (de la República Federal Alemana, Bélgica, Dinamarca, Estados Unidos, Gran Bretaña y Luxemburgo) y 10 abstenciones (de Austria, Canadá, España, Francia, Holanda, Irlanda, Israel, Italia, Japón y Noruega), a cuya instrumentación había obligación de dar seguimiento y que de habérsele dado vigencia efectiva hubieran empezado a generarse un mundo más equitativo y una convivencia internacional más justa y fructífera; o las relativas a las Metas del Milenio (la primera, sólo para recordar: erradicar la pobreza extrema y el hambre, en lo general, y específicamente en este punto, reducir a la mitad, para 2015, la proporción de personas que sufren hambre; reducir igualmente para esa fecha, la proporción de personas cuyos ingresos son inferiores a un dólar diario; y conseguir pleno empleo productivo y trabajo digno para todos, incluyendo mujeres y jóvenes; y siguen siete metas más y pensemos sólo en la situación de nuestro país en materia de pobreza, desempleo, falta de oportunidades para las jóvenes, etc., que desafortunadamente no es distinta de la que atraviesan muchos otros países en otros continentes), Metas aprobadas en el año 2000 y que deberán estar cumplidas en el 2015, pero que al igual que en México, por todo el mundo muestran un claro retraso e incluso retrocesos serios para poderse alcanzar ya no en el 2015, sino incluso muchos años después.

Pero todo esto es pasado y presente. Este Foro quiere ver hacia adelante.

Iniciativas importantes que aquí se habrán de presentar y discutirse son las de la Alianza Mundial por la Transformación de las Naciones Unidas y la del Parlamento Mundial Ciudadano, así como las propuestas que por primera vez se traen a un Foro como este: la del Decreto para la abolición de la guerra y las de cinco nuevas leyes 1) para la erradicación de la pobreza extrema, con alimentos, medicinas y agua potable para todos; 2) de acceso a la cultura con internet gratuito y al progreso universal con educación básica para todas las personas; 3) para proteger los derechos de la Madre Naturaleza y regular el uso racional de los recursos naturales y sus fuentes de energía para el cuidado de la vida; 4) de igualdad de oportunidades para acceder a una ocupación digna con libertad de tránsito y residencia para todas las personas; y, 5) para hacer plenamente efectivos los Derechos Humanos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de conformidad con el artículo 28 de la misma.

Parecería que no se avanza, que se está en lo mismo de antes, en las utopías no alcanzadas del pasado, pero en cómo llevar a la práctica estas propuestas, es donde está la novedad. No hay ingenuidad, se tiene plena conciencia que hacer realidad estas propuestas exige realismo, esfuerzo, tenacidad y que tomará tiempo, sin duda, un largo tiempo. Pero en el curso de la historia, hemos visto que la inteligencia, la laboriosidad y la solidaridad humanas han logrado que muchas utopías se hayan convertido en realidades.

No se plantea, y en esto radica la novedad principal, dejar que los gobiernos hagan la tarea. No se propone, como se ha hecho por otros en múltiples ocasiones, que se reforme a partir de las normas vigentes la Carta de las Naciones Unidas, y que de ahí surja el mundo nuevo. Se está convocando a los pueblos, a cada ciudadano, de cada país, de cada región, del campo y las ciudades, grandes y pequeñas, a que conozca qué se quiere hacer y cómo, a que se organice y se una a otros ciudadanos decididos a compartir el ideal y el esfuerzo, para, entre todos, cambiar efectivamente al mundo para bien.

Se está convocando a conocer, adoptar en lo individual y promover entre los demás, la aceptación de una Constitución para la Federación de la Tierra, para que lo que es hoy la Organización de las Naciones Unidas se transforme en una federación de naciones, representadas por mandatarios con mandato democrático en el nuevo cuerpo internacional; se está convocando a promover, desde las bases ciudadanas, la integración y la representación en un Parlamento Mundial, y se convoca, al presentar las iniciativas para la abolición de la guerra y de las cinco nuevas leyes, a construir un orden mundial de paz, equitativo y solidario, así como la sociedad mundial igualitaria, democrática y fraternal, en la que no quepan ni explotadores ni explotados, en la que se aprecien y se premien la educación, el conocimiento, la cultura y la ciencia, que mediante el aprovechamiento y protección de la naturaleza eleve ésta consistentemente sus capacidades productivas y generadoras de beneficios, y sea capaz de crear instituciones y desarrollar mecanismos políticos que garanticen el ejercicio pleno y protejan los derechos de todos en el mundo.

Se trata, ciertamente, de ir en fraterna solidaridad humana tras de nuevas utopías. Démosles, con este Foro, un nuevo impulso desde nuestro país.

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