La planeación energética de México se caracteriza por horizontes de seis años, que es el periodo de la administración pública presidencial. Se trata de un conjunto de orientaciones generales incluidas en el Plan Nacional de Desarrollo que, por ley, debe preparar cada gobierno. En el caso del sector energético esto ha generado deficiencias pues este sector se caracteriza por un horizonte de largo plazo, debido al monto de las inversiones y a que la vida útil de las instalaciones es tan grande, como lo es la inercia al. Así, lo que se instale el día de hoy probablemente continúe operando dentro de 40 o 60 años.
Es más, lo que se va a instalar en los próximos 6 años que cubre el Plan Nacional de Desarrollo (PND), ya está decidido el día de hoy, por lo que este Plan sólo podría incidir en aspectos de carácter tecnológico, definiendo los desarrollos que sería necesario emprender de inmediato para atender las necesidades del país a mediano plazo. Este punto sin embargo, no recibe gran atención en el PND.
Cabe aclarar que es práctica común a escala mundial considerar, para el sector energético, que el corto plazo tiene un horizonte de 10 años, el mediano entre 10 y 25, y el largo plazo más allá de los 25 años.
Bajo estas condiciones, es muy importante que los planes estratégicos o de negocios de las empresas relacionadas con la energía, estén enmarcados dentro de una visión de largo plazo, la cual debe ser revisada cada 3 o 5 años con el fin de actualizarla de acuerdo a los cambios que van ocurriendo en el entorno. El entorno en este caso se refiere, entre otros, a la situación que guardan las reservas de los energéticos primarios utilizados, a las condiciones geopolíticas que imperan en las regiones productoras de esos energéticos, a los adelantos en el desarrollo de nuevas tecnologías, y a la presencia de fenómenos externos como el cambio climático.
El gobierno mexicano preparó, en la década de los setenta, un estudio con una visión a 25 años titulada “PESE 2000”, que se refería a un Plan de Expansión del Sector Eléctrico al año 2000, desgraciadamente este nunca fue actualizado. En 2005 la Secretaría de Energía (SENER) con apoyo del Banco Mundial, elaboró un breve estudio titulado “Prospectiva sobre la Utilización de las Energías Renovables en México, una Visión al 2030”, el cual es sólo un esbozo de escenarios a 25 años ya que la duración del proyecto fue corta y con pocos recursos.
Como ejemplo de lo que ocurre sin una visión a largo plazo, tenemos la historia de la planeación energética de nuestro país en los últimos 35 años. A fines de la década de los setenta, se anunció un gran programa nucleoeléctrico de 20,000 Mega Watts para estar operando en el año 2000, lo que hubiera hecho de México uno de los principales países usuarios de esta tecnología. La crisis económica del 1982 lo canceló. En la década de los ochenta surgió el gran programa carboeléctrico, a través del cual se instalarían una cantidad apreciable de centrales con base en carbón importado a las costas mexicanas. Sólo una se convirtió en realidad: la central de Petacalco en el estado de Guerrero, que colinda con Michoacán.
En la década de los noventa, debido a la disponibilidad de varias tecnologías que incluyeron a los grandes desarrollos científicos en la física del estado sólido que generaron nuevas aleaciones, a una mayor capacidad de modelación de los sistemas de fluidos que permitieron optimizar el enfriamiento de alabes, al desarrollo de nuevos recubrimientos, y a la disponibilidad de técnicas de manufactura más precisas que permitieron reducir las tolerancias de fabricación, se desarrollaron las nuevas turbinas de gas de mayor eficiencia, tanto para uso en la aviación, como en los ciclos combinados para generar electricidad. Estos últimos ciclos combinados, con mayor eficiencia que sus antepasados y los bajos precios del gas, produjeron un gran interés en su utilización masiva dentro del sector eléctrico mundial. Hoy en día, confrontados con el fenómeno del cambio climático, (y aunque el uso del gas natural es bien visto ya que produce menos gases invernadero que cualquier otro combustible fósil), hay un vuelco a las energías renovables y se rumora ya el “gran plan de las energías renovables”.
En cada etapa se generan instalaciones que duran decenas de años, es decir, que todavía las operamos, de esta manera se va conformando un parque de generación muy heterogéneo, ya que cada una de esas instalaciones es el resultado de lo que estuvo de moda en su momento. Este zigzag en la orientación del sector energético no puede ser eficiente y tiene margen de mejora.
Otro ejemplo de cómo el desarrollo tecnológico puede, en forma importante, cambiar el rumbo de un sector, es el de la telefonía celular. ¿Quién de entre nosotros hubiera previsto en 1980, que para 25 años después, es decir en el 2005, el número de teléfonos fijos sería menor que el del tipo de teléfono que utilizaba Dick Tracy, el detective de las tiras cómicas de aquellos tiempos, es decir el teléfono celular? En el presente, los vehículos híbridos ya son comerciales, están penetrando los mercados de los países industrializados con tasas anuales de crecimiento de ventas por arriba del 100%. De continuar esta tendencia, la cual probablemente es de las más importantes para reducir las emisiones de gases invernadero, acoplada a grandes promociones e incentivos fiscales por los gobiernos, el horizonte de las reservas de petróleo se agrandará en forma importante ya que el rendimiento de estos vehículos es el doble del de los convencionales.
¿Y el futuro, qué nos depara? No lo podemos predecir, pero si se puede analizar lo que esta pasando en el mundo del desarrollo tecnológico y analizar los diferentes impactos probables de las innovaciones en puerta. Se están invirtiendo grandes cantidades de dinero en el desarrollo de las celdas de combustibles fijas. Existe una posibilidad relativamente alta de que estas celdas estarán disponibles comercialmente dentro de unos pocos años. Aunado a esto, se observa un gran interés en la generación distribuida. Así, quién tenga suministro de gas natural por tubo en su casa, podrá adquirir una celda de combustible y volverse autosuficiente en el suministro de energía eléctrica; es decir que habrá, en ese momento, la opción entre mantener el suministro eléctrico vía cable o generar su propia electricidad. Éste es un ejemplo adicional de como la innovación, resultado del desarrollo tecnológico, puede ir eliminando los llamados monopolios naturales.
¿Cuáles serán los principales factores que tendrán una influencia importante sobre el desarrollo del sector energético? La falta de recursos naturales no parece ser un factor que limite este desarrollo. A nivel mundial, las reservas probadas de los principales recursos no renovables y su índice de reservas/producción (petróleo un billón 200 mil millones de barriles -40 años-, gas natural 180 billones de metros cúbicos -67 años-, carbón 909 mil millones de toneladas -333 años- Uranio 4 mil 600 millones de toneladas y 130 años) indican que en el futuro mediano y a largo plazo, este factor no será una limitante. Los principales factores que tendrán una influencia limitante serán los conflictos geopolíticos y fenómenos como el cambio climático. El desarrollo tecnológico por otro lado, de seguro tendrá una influencia muy importante en la dirección en que se orientará el sector.
Como ejemplo, podemos referirnos a los sistemas eléctricos. En el presente es inconcebible pensar que los mercados eléctricos competitivos se hubiesen podido desarrollar sin la innovación en la instrumentación basada en la electrónica de potencia, la cual permite medir y llevar una contabilidad precisa de los flujos eléctricos. Se espera, a futuro, un incremento sustancial en esta área, pero ya no sólo en la medición, sino también en el control inteligente de los sistemas usuarios con el fin de optimizar la operación del conjunto. Esto será una innovación de gran importancia en la tarea de incrementar la eficiencia global de los sistemas eléctricos que demanda el objetivo de mitigar la emisión de gases invernadero. No sólo existe la tendencia a una generación distribuida ya descrita, sino también a una interconexión inteligente del sistema usuario con la red. En estas condiciones ¿qué forma de organización puede ser la más eficaz para mantener en su punto óptimo al sistema -el cual estará compuesto de generación centralizada pero también distribuida- con los microsistemas de los usuarios operando en forma “inteligente”?
Considerando que el sector energético es uno de los más globalizados, en mi opinión, la problemática descrita anteriormente se aplica al caso México. Nuestra economía se alimenta de una canasta de energéticos primarios con predominancia de los hidrocarburos. Ya iniciamos la importación de gas natural de África y en un futuro cercano, probablemente también de Asia. En cuanto a la situación petrolera, muy discutida desde el punto de vista de las reservas, la información técnica oficial de PEMEX y la SENER indican que es altamente probable que se mantenga una producción por arriba de los 3 millones de barriles diarios durante un horizonte de muchos años, considerando que se ha reiniciado la inversión en exploración reducida a casi cero durante más de una década, lo que debe de incrementar la velocidad de reposición del recurso producido e incrementar el índice de reservas/producción, y de que el país cuente con un recurso potencial importante.
Es improbable que en México se esté acabando el petróleo como se ha mencionado en varios foros, y reproducido en los medios de comunicación. Lo que al parecer no tenemos es carbón, con excepción de lo que se reporta como reservas probadas. En cuanto a Uranio, realmente no se ha realizado un esfuerzo serio de exploración y por lo tanto es una incógnita. Se tienen todavía reservas de hidroenergía, aunque los problemas sociales para crear la infraestructura de explotación cada día son mayores. Las estimaciones de energía geotérmica, sobre todo las de baja entalpía para usos térmicos y no eléctricos, al parecer son muy grandes, y los recursos de energías renovables como el sol, el viento y la biomasa son también muy importantes.
De las otras limitantes, el cambio climático tendrá una fuerte repercusión en el sector. Considerando que el grupo de los 8, con los cinco países en desarrollo participantes (México incluido), tomaron la decisión en Gleneagles, Gran Bretaña, en julio de 2005, de atacar frontalmente la situación de la emisión de los gases invernadero, con la directiva a la Agencia Internacional de Energía de la OCDE, y diseñar estrategias tecnológicas para atender el problema tocando al Banco Mundial resolver la parte financiera correspondiente.
Cabe mencionar que si bien en México no se percibe que nos preocupemos por el largo plazo de nuestro país, al menos en cuanto a información oficial pública, el Departamento de Energía de los EUA (DOE/USA) y la Agencia Internacional de Energía de la OCDE (AIE/OCDE) sí lo hacen. Desde hace varios años, en los informes anuales titulados International Energy Outlook del primero y el World Energy Outlook del Segundo, se presentan escenarios del sector energético mexicano a un horizonte de 25 y 30 años. En el primero, la tasa anual de crecimiento del PIB promedio para este periodo la toman igual a 3.9% mientras que en el segundo la toman como 3.5%.
En el ejercicio realizado para la SENER y el BM arriba mencionado, se hacen dos escenarios de crecimiento económico con tasas de crecimiento de 2.5% y 4.5%. Para los estudios de las entidades extranjeras, la energía primaria total requerida se duplica en los próximos 25 años, mientras que en el estudio de los escenarios hechos localmente, esta demanda es un poco menor que el doble para la tasa baja de crecimiento, mientras que es un poco mayor que el doble para la tasa alta de crecimiento.
En cuanto a la energía eléctrica, sólo el estudio de la AIE/OCDE la analiza, así como también el realizado por la SENER y el BM. En el caso del primero, la capacidad instalada y la generación se multiplican por casi 2.5 en los próximos 25 años, mientras que en el realizado localmente para la tasa alta de crecimiento podría multiplicarse por más de 3.
Esto se resume en que dependiendo del crecimiento económico promedio que tengamos los próximos 25 años, la energía primaria total requerida por la economía mexicana más o menos se duplicará y la energía eléctrica más o menos se triplicará. En este último caso optimista, requeriremos instalar en ese periodo una infraestructura equivalente al doble de lo que tenemos en el presente. Considerando las limitantes posibles ya mencionadas para el sector, se ve muy conveniente el asegurar dos políticas energéticas centrales: incrementar la eficiencia energética, es decir la intensidad energética de la economía para reducir al máximo la demanda futura, y diversificar los energéticos primarios que utilizamos.
Finalmente quisiera hacer una reflexión sobre la pasión y la intensidad con que los mexicanos discutimos el recurso natural relacionado con los hidrocarburos. Este recurso por todas las connotaciones históricas ha jugado un papel central en la vida moderna de nuestro país. Pero creo que hoy en día, sería muy conveniente y apropiado volcar también nuestro interés con esta misma pasión e intensidad en otro recurso natural que consiste en sólo 150,000 toneladas, pero que en el presente tiene un factor de impacto varios órdenes de magnitud mayor que los hidrocarburos. Me refiero a la materia gris en los 105 millones de mexicanos que vivimos en este país. El mundo presente y sobre todo el del futuro serán caracterizados por el conocimiento y no por las materias primas. Si lográramos aplicar toda esa energía en analizar, discutir y diseñar una estrategia que nos convierta en una población con los conocimientos y actitudes adecuadas para progresar en este entorno, yo estoy seguro de que los futuros mexicanos nos estarán muy agradecidos.
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