Quisiera
en este día, en que se celebra
el 67° aniversario de la Expropiación
Petrolera, hacer un planteamiento que
al llevarse a la práctica pudiera
reposicionar al sector de la energía
de nuestro país como una de las
palancas centrales de un modelo de desarrollo
económico sostenido, con racionalidad
de presente y de futuro.
Una de las grandes riquezas
de México está en sus
recursos naturales, particularmente
aquellos que tienen que ver con los
hidrocarburos y la generación
de electricidad. Sin embargo, estamos
iniciando el siglo XXI sin contar con
una política integrada que favorezca
su aprovechamiento sustentable, y, por
otro lado, la gestión que se
hace de estas áreas, encomendadas
constitucionalmente en exclusiva al
Estado, presenta insuficiencias que
significan la pérdida de oportunidades
para el crecimiento del país
y de sus empresas, así como para
el mejoramiento de su población.
>La importancia de nuestro
sector energético es ampliamente
reconocida. Es no sólo un sector
estratégico desde el punto de
vista económico y de las finanzas
públicas, es factor clave en
nuestra política exterior y vital
para la seguridad nacional, para el
buen funcionamiento de las actividades
productivas y el bienestar de las familias
mexicanas. Por ello, frente a la situación
actual del país –de deterioro
social creciente y de un prolongado
estancamiento económico-, es
preciso dar un cambio radical a las
políticas energéticas
y en particular a la petrolera, lo que
resulta central, por otro lado, en cualquier
convocatoria de transformación
nacional, con vistas a la elección
presidencial de 2006 y a la gestión
del nuevo gobierno.
El reto reside en crear
los consensos necesarios para que el
sector de la energía sea capaz
de agregar anualmente, al menos, un
punto porcentual al producto interno
bruto del país durante los próximos
seis años. Un proyecto de gobierno
debe ser el conjunto de compromisos
que con certidumbre puedan establecer
los distintos sectores y actores de
la sociedad sin imposiciones y bajo
una visión de Estado, por lo
que resulta vital diseñar las
nuevas políticas a partir una
amplia consulta y una participación
plural, que lleven a identificar tanto
los problemas como a apuntar las vías
de solución y las metas por alcanzar.
Aumentar el valor que
aportan las actividades públicas
en el sector de la energía, considerarían
algunos economistas que sólo
puede originarse mediante una extraordinaria
elevación de la productividad
y, ciertamente, en esta área
hay un buen trecho por recorrer modernizando
instalaciones e incorporando procesos
productivos de punta. Otra fuente para
incrementar productividades se encuentra
en la eliminación de una gran
cantidad de ataduras burocráticas
que no permiten la modernización
del aparato institucional: debe cambiarse
radicalmente la visión rentista
del sector de la energía que
predomina en el gobierno, por una visión
que fomente y promueva la actividad
productiva y la integración industrial,
que tenga como objetivos el progreso
de la empresa mexicana, privada y pública,
que es la que genera empleos y multiplica
el ingreso, y que aumente progresiva
y racionalmente el consumo energético
de las familias mexicanas a precios
cada vez más accesibles.
Se calcula, por ejemplo,
que el superávit primario de
las empresas públicas oscila
entre 2 mil y 4 mil millones de dólares
anuales, que se mantiene en términos
generales en forma líquida y
que la autoridad hacendaria se resiste
a liberar, por la imposición
de una política económica
restrictiva, de un rígido ajuste
macroeconómico que inhibe el
crecimiento. Estamos hablando de una
inversión en el rango de un medio
punto del PIB, realizada al través
de los organismos públicos del
sector energético, que podría
utilizarse –como se ha venido
haciendo con los excedentes generados
por los altos precios del petróleo-
en el prepago de deuda pública,
pero que también podría
bien destinarse para la expansión
productiva, lo que significaría
la adquisición de insumos, bienes
de capital e intermedios a empresas
mexicanas, impactando en el empleo y
en la reactivación productiva.
Se requiere, por tanto, para encauzar
al sector hacia esos objetivos, dar
una efectiva autonomía presupuestal
y de gestión a las empresas públicas
de la energía, dejando que sean
los directamente responsables de su
dirección quienes tomen las decisiones
que permitan los mejores resultados
tanto económicos como sociales.
Durante los últimos
años, la estructura jurídica
de las actividades vinculadas con los
hidrocarburos y la electricidad han
sido objeto de un fuerte y largo debate
sobre su apertura o no a la inversión
privada. El gobierno e incluso algunas
voces que dicen ubicarse en el sector
progresista, sostienen que Petróleos
Mexicanos y la Comisión Federal
de Electricidad no se privatizarán,
que no deben privatizarse, sin precisar
qué quieren decir con eso. Este
es en realidad un falso debate. Pemex
y la CFE son sus instalaciones y en
general sus activos materiales, y la
discusión en realidad se da en
torno a las actividades que realizan
para aprovechar no recursos propios,
sino recursos que la nación les
ha encomendado administrar. La definición
de qué se privatiza o no debe
darse, entonces, respecto al patrimonio
de la nación y la condición
de estratégicas de las actividades
que se realizan respecto a los recursos
naturales mismos o a los servicios que
se prestan. Lo que debe quedar claro
–y lo que define una posición
progresista y de soberanía- es
cuales son las áreas estratégicas
de la energía que se considere
deban ser manejadas en función
de un interés público
y cuales pueden estar abiertas a intereses
privados.
Resulta entonces de
la mayor importancia política
que esa disyuntiva pudiera precisarse
desde el punto de vista de la legislación
y así quedar superada en lo inmediato.
Este asunto se ha convertido en moneda
de cambio respecto al cual se ofrecen
expectativas que, hasta ahora, han resultado
imposibles de cumplir. Sin embargo,
la ética y la franqueza como
valores deben seguirse exigiendo a quienes
nos dedicamos a la política y
aspiramos a dirigir al país,
y en ese sentido, considero que el régimen
constitucional vigente en materia de
energía arroja un balance positivo
para el país y debe en consecuencia
preservarse.
Esta definición
no proviene de un ejercicio que mecánicamente
sobrepone lo ideológico a las
condiciones objetivas del país.
Por el contrario, para fijar esta posición
se asume como una regla para normar
criterios, el análisis puntual
en la búsqueda del interés
de la nación. Por ejemplo, Pemex,
el año pasado, tuvo ingresos
por más de 700 mil millones de
pesos y pagó contribuciones,
sólo por concepto de extracción
de petróleo y gas, por más
de 400 mil, como resultado de un régimen
fiscal incompatible con la lógica
y la eficiencia tanto empresariales
como industriales, que ha permitido
al país, ciertamente, encontrar
un equilibrio entre las enormes demandas
sociales con el imperativo de finanzas
públicas sanas. Pero no es exprimir
el recurso y obtener un ingreso en el
plazo más corto posible –aun
cuando no sea ni el mayor ni el óptimo-
la tarea básica del Estado en
el sector energético ni se alcanzan
así los objetivos amplios que
pueden alcanzarse con una buena gestión
de los recursos en su industrialización,
en incorporar valor agregado a los productos,
en la integración productiva,
la generación de empleo, la substitución
de importaciones, el desarrollo regional.
Por otro lado, la problemática
de los energéticos es más
amplia y compleja que un mero cambio
legislativo. Pero la confrontación
que sobre estas cuestiones se ha vivido,
ha generado distorsiones muy costosas
en materia de gasto para las empresas
públicas y pérdida de
oportunidades o, incluso, riesgos onerosos
para las empresas privadas involucradas
en estas actividades.
Preservando el marco
constitucional vigente es posible adoptar
las decisiones que se requieran para
cumplir las metas que el desarrollo
del país está demandando.
Dentro de ese marco, debe modernizarse
la estructura institucional del sector
energético para aumentar sensiblemente
el suministro de bienes y servicios,
al menor precio posible y de manera
que resulte competitivo con el exterior,
bajo un esquema que reconstruya la relación
de los organismos públicos con
la industria y las instituciones científicas
y técnicas proveedoras de insumos,
servicios de ingeniería y bienes
de capital. Esta es tarea de las empresas
del Estado y una de las razones de su
existencia frente a la nación.
Me quiero referir ahora,
puntualmente, a un conjunto de propuestas
que considero integran una visión
de los cambios necesarios para el fortalecimiento
y mejor desenvolvimiento del sector
energético:
1. Es necesario otorgar autonomía
presupuestal y de gestión a las
empresas del Estado. Las dificultades
financieras de los organismos públicos
de la energía provienen, en gran
medida, de su falta de autonomía
para el ejercicio de su presupuesto.
Se les obliga a mantener un elevado
superávit de operación,
se les ministra su presupuesto de manera
extemporánea y sus adquisiciones
y financiamientos están sujetos
a la misma ley que norma las actividades
burocráticas del gobierno central,
o amarradas a esquemas caros y falaces
como el de los pidiregas. Es indispensable,
para darles eficiencia, estructurarlas
con un esquema presupuestal que les
permita hacer de su rendimiento económico
y de su habilidad como empresas, la
fuente principal de su financiamiento,
bajo un sistema moderno de fiscalización
y transparencia.
2. La autonomía
debe ir acompañada de compromisos
precisos de las empresas con la nación,
los cuales deben ser plasmados en una
serie de programas sancionados por el
Poder Legislativo. En dichos programas,
el Estado se comprometerá a que
el marco legal y regulatorio permita
a las empresa públicas, ya autónomas,
cumplir en las mejores condiciones con
la misión que se les encomiende,
en particular, la mejora sistemática
de la calidad del servicio y la racionalidad
de los precios de los bienes y servicios
que proporcionan.
3. Una industria energética
moderna exige desarrollarse con base
en una planeación integral para
el aprovechamiento de sus recursos,
y exige el apoyo de la sociedad y en
particular de los consumidores, sustentado
en una amplia información que
les permita conocer y comprender cómo
se da la operación de esa industria,
así como sus problemas y retos
técnicos y financieros. Se debe
realizar una planeación de largo
plazo que tienda al óptimo nacional,
integrando todos los componentes: recursos
naturales, oferta energética
en todas sus formas y acciones para
racionalizar su consumo. En muchos casos,
y refiriéndonos a electricidad,
resulta mejor invertir en la reducción
de la demanda que en la expansión
de la oferta.
En materia de hidrocarburos:
4. Es preciso aumentar
la inversión en exploración
para reconstruir las reservas de hidrocarburos.
Como producto de una extracción
acelerada, se han erosionado las reservas
probadas hasta contar ahora, de mantenerse
los actuales ritmos de extracción,
con hidrocarburos que durarán
sólo alrededor de once años,
tiempo muy corto en la vida de un país
y muy corto también en la vida
de una generación. Por otro lado,
los rezagos en exploración han
provocado que la reposición de
reservas se sitúe en nuestro
país en promedios de 25%, cuando
el promedio internacional, correspondiente
a un manejo responsable de las reservas,
es de 80%. Debe al respecto destacarse
que el desarrollo de la frontera petrolera
del país se ha mantenido estancado
desde hace veinticinco años.
Por lo anterior, se hace necesario dar
prioridad a la inversión para
exploración, para lo cual debe
integrarse un fondo de inversión
en Pemex con cargo a los costos por
barril de crudo equivalente extraído
y acreditado en su régimen fiscal.
5. Existe una amplia
frontera de hidrocarburos en aguas profundas
del Golfo de México, que debe
ser explorada y aprovechada. Varias
corporaciones internacionales están
ya avanzando en el desarrollo de esa
región, fuera de las áreas
de soberanía mexicana. Por razones
de oportunidad estratégica, es
necesario que Pemex analice y valore
sus oportunidades reales, incluso considerando
la posibilidad de establecer alianzas
con otras entidades, para explorar y
aprovechar esos yacimientos. Para ello,
es necesario ampliar la exploración
en el área geográfica
comprendida entre los puertos de Veracruz
y Tampico, región donde diversos
estudios geológicos prevén
la presencia de grandes depósitos
de gas no asociado.
6. La extracción
de hidrocarburos alcanzó en el
pasado niveles históricos que
ubicaron a México como uno de
los principales países productores
en el mundo. Se anunció una abundancia
traducida en progreso general que nunca
se hizo realidad, practicándose
una política en la que se dio
atención casi exclusiva a la
producción de crudo, en alta
proporción destinado a la exportación.
Esa política irracional en lo
que hace al manejo de las reservas y
a la integración de la industria,
es cierto que ha venido generando un
flujo de ingresos que se han hecho indispensables
para la hacienda pública, pero
que está agotando aceleradamente
una riqueza no renovable propiedad de
la nación y de las futuras generaciones
de mexicanos. Fijar la plataforma de
extracción de hidrocarburos y
las modificaciones que el Estado requiera
de ella, no deben, por lo tanto, seguir
siendo decisión de coyuntura
ni exclusiva del Ejecutivo Federal,
sino facultad legal del Congreso, como
asunto estratégico y de seguridad
nacional. Por otro lado, debe instrumentarse
una política que tienda a reducir
hasta eliminar las exportaciones de
petróleo crudo con dos objetivos
básicos: prolongar la vida de
las reservas y utilizar el recurso preferentemente
como materia prima de la industria petroquímica,
que como actividad conductora del crecimiento
económico debe tener una permanente
expansión, así como permitir
un cambio terso de la base energética
del país.
7. Es indispensable
ampliar la capacidad de refinación
para reducir hasta eliminar las importaciones
de productos destilados, cuyo costo
asciende ya a más de 2500 millones
de dólares anualmente. La capacidad
de refinación que se requiere
construir debe, además, ser diseñada
para vincularse con la generación
de electricidad mediante la cogeneración.
Para esos efectos y para dar una utilización
más completa a nuestros hidrocarburos
y considerando que el petróleo
mexicano tiene un alto contenido de
azufre, se debe promover la utilización,
para generación de electricidad,
de combustibles alternativos al gas
natural –como los fondos de alto
vacío, coque, etc.- en una estrategia
de diversificación de fuentes
de energía que den salida al
combustóleo con alto contenido
de azufre.
8. Las importaciones
de productos petroquímicos superan
hoy los siete mil millones de dólares.
La producción petroquímica,
hoy deprimida y en proceso de cerrar
plantas, debe volver a ser, junto con
la de refinación, uno de los
ejes de la nueva política industrial
del país, considerando que su
desarrollo se vincula con más
de cuarenta ramas de la economía.
Para reactivarla, se deben ampliar las
unidades que puedan integrar cadenas
productivas en el país. Pemex,
por su parte, deberá establecer
acuerdos de largo plazo para abasto
de insumos y fórmulas de precios
que fomenten la inversión privada
en eslabones intermedios y finales de
las cadenas industriales, explorando
nuevas formas de asociación con
particulares nacionales y del exterior,
como corresponde a una empresa de su
magnitud.
En materia de gas natural:
9. La demanda de gas
se ha disparado hasta hacer que su importación
represente una quinta parte del consumo
total del país, con precios que
se han multiplicado, afectando con ello
a las industrias que dependen de ese
energético. Por otro lado, existen
estimaciones de que México cuenta
con importantes reservas, suficientes
para garantizar su abasto interno. La
rentabilidad de esta actividad debe
conducir a reorganizar estructuralmente
a Pemex para establecer una estrategia
de financiamiento que lleve de manera
urgente, a aumentar la producción
de gas natural, desarrollando las potencialidades
del país en este, realmente,
nuevo campo.
10. Durante los últimos
años, la Comisión Federal
de Electricidad, que es el principal
consumidor de gas natural en el país,
ha lanzado distintas licitaciones que
facilitarán la importación
de grandes cantidades de gas natural
licuado. Se trata de contratos de largo
plazo que pudieran vincularse al mismo
esquema referencial de precios que ha
mantenido en condiciones de extrema
dificultad a las empresas mexicanas.
Por otra parte, el país no puede
depender para su generación mayoritaria
de electricidad de operadores y suministros
externos. Es imperativo en consecuencia,
coordinar con racionalidad el manejo
y aprovechamiento que hacen del gas
las empresas públicas del sector,
a lo que puede contribuir la constitución
de una nueva empresa especializada en
el comercio y desarrollo del gas, que
haga la interfase entre Pemex y la CFE,
y cuyo objetivo central sea garantizar
este abasto a los precios que resulten
más competitivos internacionalmente.
11. En un plazo lo más
corto posible, el régimen fiscal
al que se sujete Pemex debe ser el mismo
que corresponda a las demás empresas
y actividades productivas. No debe seguir
sujeto a un régimen exclusivo.
Como parte de los cambios que es necesario
introducir en el manejo fiscal de Pemex
y para estimular una explotación
más racional de los yacimientos,
es necesario establecer gravámenes
diferenciados de acuerdo a la rentabilidad
de los campos de petróleo y gas,
así como una contabilidad individual
de esos campos y de las propias actividades
industriales. Si Pemex logra recuperar
su capacidad de transformación
industrial y deja de ser una entidad
sólo con vocación extractiva,
los cambios en su régimen fiscal
se traducirán en un aumento de
su aporte global. Para ello, la empresa
debe tener la posibilidad de disponer,
al menos, de una parte de los recursos
excedentes que obtenga durante los períodos
de precios altos en el mercado, no necesariamente
considerados en la planeación
presupuestal del organismo.
12. El mayor problema
de la fiscalidad de Pemex es la aleatoriedad
de sus ingresos. Por eso es indispensable
contar con un mecanismo de reserva que
permita atenuar los cambios y garantice
estabilidad en los ingresos que se entregan
a la hacienda pública. Es necesario
que el fondo de estabilización
petrolero se transforme en ley para
que su funcionamiento sea transparente
y controlado por el Congreso. Este mecanismo
se nutrirá con los excedentes
del precio del petróleo fijado
por el Congreso, que se acumularán
hasta compensar caídas en el
precio y, después de cierto margen,
formarán recursos de inversión
para Pemex.
13. Petróleos
Mexicanos debe volver a ser una empresa
integrada y no sólo coordinadora
de filiales, donde su planeación
tenga en cuenta el cumplimiento de objetivos
sectoriales nacionales y no aisladamente
los de cada una de sus partes. Su estrategia
global de negocios debe tomar en cuenta
de manera prioritaria los requerimientos
de la industria y de los consumidores
nacionales.
14. La estructura de
precios de los energéticos que
produce Petróleos determina en
gran medida tanto los precios de los
productos derivados, como en lo general
la competitividad de la estructura productiva
del país, por lo que se debe
rediseñar el sistema de precios
al consumidor final de manera que estimule
la inversión en el sector y favorezca
la competitividad de los consumidores
y productores nacionales. El enfoque
de precios vigente hace que la relación
entre las distintas filiales de Pemex
y del organismo con las empresas del
sector se finque en precios internacionales,
razón por la cual Pemex Exploración
Producción es la única
área del organismo que registra
saldos positivos, induciendo la quiebra
de las filiales industriales y dificultades
en la operación de las industrias
privadas del área energética.
En esas condiciones, Pemex debe asumir
una función más trascendental
que la de sólo recaudar rentas
fiscales para el Estado, promoviendo
y constituyéndose en el eje del
desarrollo industrial del país,
modificando, con ese propósito,
su política de precios con fórmulas
que, sin depender exclusivamente de
los costos de producción, permitan
que la industria nacional se desarrolle
y el país saque provecho de su
abundancia energética.
En materia de electricidad:
15. Se debe mejorar
la calidad del servicio público
de energía eléctrica y
determinar sus tarifas en función
de los costos de producción.
Las tarifas deben ser equitativas, formuladas
según el nivel de tensión
y el tipo de suministro, sin privilegiar
o discriminar a sectores específicos
de consumidores, sea por su actividad,
sea por su nivel económico o
su situación geográfica.
Además, deben ser establecidas
por el organismo regulador a propuesta
del operador eléctrico.
16. Es fundamental
reafirmar el compromiso social de apoyar
a las regiones y a los sectores de la
población que realmente lo necesitan,
con subsidios suficientes, claros y
transparentes. En adelante, los subsidios
deben provenir del fisco y no gravar
la economía de las empresas públicas.
Los subsidios cruzados entre sectores
de consumidores deben desaparecer. El
monto y destino de los subsidios deben
ser determinados, revisados y evaluados
periódicamente por el Congreso.
Para soportar esa transformación,
las empresas públicas deben pagar,
efectivamente, un aprovechamiento actualizado
por el uso de bienes y recursos naturales
de la nación.
17. Es preciso diversificar
las fuentes de generación de
energía. Es necesario mejorar
el equilibrio en el uso de las diversas
energías para generar electricidad,
poniendo límites a la importación
del gas natural y revalorando, incluso,
las posibilidades carboníferas
y nucleares, utilizando combustóleo
y desarrollando en forma combinada la
energía eólica, la derivada
de la biomasa –de la que, entre
otros productos puede obtenerse etanol,
cuyo uso mejoraría la calidad
de los combustibles y contribuiría
a un mayor y mejor desarrollo de la
industria cañera- y la hidroelectricidad,
estableciendo cuotas de participación
de otras fuentes renovables o no convencionales
de energía y aplicando mecanismos
compensatorios para que puedan competir
con las fuentes tradicionales.
18. Resulta de interés
nacional impulsar los procesos de generación
distribuida en sus distintas modalidades:
cogeneración, autoabastecimiento
y las diversas formas descentralizadas
de producción de energía
eléctrica. Lo anterior permitirá
una mejor y más armoniosa utilización
de los recursos energéticos y
financieros, públicos y privados.
Se debe mantener abierto el acceso de
los productores con estas modalidades
a la red eléctrica nacional,
tanto para la transmisión de
la energía a sus propios centros
de consumo, como para la venta de sus
excedentes que puedan ser aprovechados
para el servicio público. Sin
embargo, estas actividades no deben
fomentarse mediante subsidios al servicio
de porteo ni respaldo, ni permitirse
la venta de energía eléctrica
entre particulares mediante sociedades
de autoconsumo simuladas.
19. La industria eléctrica
estatal es capaz de financiarse de manera
solvente y sin que ello signifique costos
adicionales para los usuarios. Las tarifas
deben ser la fuente principal de financiamiento
para la expansión. El endeudamiento
de los organismos públicos del
sector eléctrico en ningún
caso debiera ser desmedido y debe considerarse
sólo como una fuente complementaria
de inversión. Para incrementar
los recursos propios de las empresas
eléctricas se requiere, simultáneamente,
abatir los costos de producción
mediante aumentos de productividad y
la reducción de las pérdidas
en los procesos de distribución
y comercialización.
20. Cuestión
prioritaria resulta modernizar Luz y
Fuerza del Centro. Urge corregir la
relación comercial entre la Comisión
Federal de Electricidad y Luz y Fuerza
del Centro, la modernización
de todos los procesos de esta empresa
y el fortalecimiento de su generación
para el área central del país,
a la que presta servicio. La automatización
del proceso comercial redundará
en la disminución de los errores
de medición y facturación
y en una mejora de la atención
en las sucursales, muy sentida por el
público. La reorganización
del proceso de distribución permitirá
reducir la frecuencia y duración
de las fallas en el suministro, así
como abatir costos y la magnitud de
los ilícitos que representan
las conexiones clandestinas a las redes.
En materia de uso de
la energía y cambio climático:
21. Se requiere definir
una estrategia para atenuar el cambio
climático global. Es fundamental
que el país, con participación
importante de la investigación
científica, tome decisiones sobre
estos problemas, al conciliar el crecimiento
económico con la mitigación
de la contaminación, poniendo
en práctica programas para hacer
más sustentable la demanda de
energía y para el financiamiento
masivo de aparatos eléctricos
de alta eficiencia. Como un ejemplo
de esto, el Fideicomiso para el ahorro
de energía (Fide) ha logrado
se instalen 7.2 millones de lámparas
fluorescentes de alta eficiencia en
1 320 000 hogares, debiendo establecerse
el objetivo de llegar a la totalidad
de los consumidores domésticos,
que suman 24 millones, lo que a su vez
sería una oportunidad para el
desarrollo de la industria nacional,
si se lograra que tales equipos y materiales
fuesen fabricados en el país.
22. Es necesario reforzar
la vinculación de los institutos
de investigación con las empresas
del sector energético. El Instituto
de Investigaciones Eléctricas,
el Instituto Nacional de Investigaciones
Nucleares y el Instituto Mexicano del
Petróleo, cuentan con un acervo
técnico-científico que
debe ser empleado a su máxima
capacidad para respaldar la mejora continua
del desempeño de los organismos
y empresas del sector energético,
vinculando sus programas de investigación
y desarrollo tecnológico de manera
más efectiva con la modernización
de los procesos de gestión. Estos
institutos pueden jugar un papel primordial
en el desarrollo la industria nacional
proveedora de bienes y servicios para
Petróleos, la Comisión
Federal de Electricidad y Luz y Fuerza
del Centro, que hoy dependen en forma
creciente de proveedores extranjeros.
Al agradecer de nueva
cuenta su atención a nuestra
convocatoria y la presencia de todos,
me permito invitarles a que mantengamos
vivo el análisis y el debate
sobre la mejor forma de aprovechar los
recursos energéticos del país
y desarrollar este sector. Sus experiencias,
ideas y críticas serán
de gran utilidad para construir, y a
partir de diciembre del 2006 poner en
práctica, una política
energética que responda a las
necesidades presentes y futuras de la
nación y resulte benéfica
para todos los mexicanos, los de hoy
y los de mañana.
El país nos
reclama soberanía energética,
claridad de rumbo y decisión.
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